lunes, 22 de junio de 2020

porteña en el campo en cuarentena

Estaba volando sobre el lago, tenía que salvar al espíritu de una nena de ocho años que se llamaba Dolores, y, por milésima vez sigo sin conseguirlo. Nunca puedo salvarla, se queda sin color y empieza a atormentarme.
Me despertaron los ladridos de mi perra – GUAUGUAUGUAUGUAUGUAU - la escucho a Lola, que perra loca le ladra a todo lo que encuentra para jugar. GUAU GUAU - Diana. Jamás en la vida ladra la viejita, es de las perras más valientes que conocí o la más sorda, no lo sé.
guau guau- cada vez más cerca, más pausado, más seco. Las escucho a las dos.  Los ronquidos de mi papa cesaron hace dos o tres ladridos atrás. Empiezo a escuchar ruidos de motor. La puta madre se metieron en el campo. En cuestión de segundos voy a escuchar que intentan entrar a mi casa. La concha de la lora.  Los ladridos siguen de largo hasta dar un círculo completo a la casa. La puta madre están viendo por dónde van a entrar. Yo lo único que pienso es, la puta madre, me van a violar. Ahora, que ladrones pelotudos, el garage está abierto y la puerta que conecta con la casa, abierta sin llave. Para este momento ya estoy tan despierta que no se si lo anterior lo soñé o los hechos sucedieron de esa forma. Quiero gritarle a mi papa: PAPÁ ESTÁN QUERIENDO ENTRAR A LA CASA, pero no me animo a hacer ningún ruido. Escucho atenta, bien atenta, para poder localizar exactamente dónde están parados. Es entonces cuando me acuerdo que el teléfono de mi papa suena como un Bambi gritando y dije GENIAL IDEA MILO le mandás un WhatsApp y los ladrones se van a cagar hasta las patas.
¿Cómo si fuese tan fácil asustar a alguien que no tiene que perder no?
En fin, me decido y le escribo: papi, ¿estás despierto? El teléfono no suena, Justo hoy que lo necesitaba en sonido, el boludo lo puso sin sonido, pero será de dios este hombre. Escucho un SI, seguido de ruidos de levantarse de la cama en una casa toda de madera te cruje hasta lo que no querés que te cruja. Abro la puerta de mi cuarto y lo veo en la oscuridad a mi papa tapándose los huevos con las manos. En otra circunstancia me hubiese reído hasta el cansancio de ver su imagen. Las patas todas flacas que no podés entender cómo pueden soportar tanto peso. La panza que está por explotar tres pibes juntos. Pero en ese momento no se me ocurrió ni hacer el mínimo chiste.
Papá ¿las escuchaste a las dos? ¿qué hacemos?
Se mete otra vez en el cuarto sin decirme nada y yo cierro la puerta de mi cuarto. Este es el momento para destacar que la puerta de mi cuarto solo se abre desde adentro. A los cinco minutos escucho: Mili abrí. Abro pensando listo este hombre está en pelotas con su pistola ahí afuera. Bancala es tu papa te cambio pañales y vos se los cambiarás a él. Abro. Papa tiene una pistola, pero no la que pensé. Los pantalones puestos y una 38 en la mano. Apaga la luz ya. Apago la linterna del celular. Abre las dos cortinas de las ventanas que dan al frente de la casa. Abre el vidrio de una y se asoma. Mira, mira, mira. Y acá escuche las palabras que siempre me van a resonar en la cabeza: tápate los oídos y tírate arriba de la cama. Yo dura, inmóvil, cual estatua, tirada arriba de la cama con los ojos y los oídos tapados. Sin hacer un solo ruido. Pafff! Seguimos los dos en silencio, yo ya me animé a abrir los ojos esperando ver algo no sé. Papá con la misma tranquilidad con la que entró a mi cuarto, cerró la ventana, cerró la cortina y salió de mi cuarto. 
La primera vez en un mes que me olvido que estamos en cuarentena, los minutos transformados en horas más largos de mi vida. Yo no me animé a decir ni MU. Y ahora que se fue, sigo sin moverme en la cama. Me quedé, así como media hora. Sin pensar, toda dura, toda miedosa, todo dolor. Me voy incorporando de a poco. Creo que nunca más voy a poder dormir. No vimos nada, pero escuchamos todo. El miedo a lo que no podemos ver, es aún más fuerte a lo que sí. Me alegro por tener la imaginación intacta. Pero no creo volver a dormir dos horas de corrido nunca más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario