Estaba volando sobre el lago, tenía que salvar al espíritu de
una nena de ocho años que se llamaba Dolores, y, por milésima vez sigo sin
conseguirlo. Nunca puedo salvarla, se queda sin color y empieza a atormentarme.
Me despertaron los ladridos de mi perra – GUAUGUAUGUAUGUAUGUAU
- la escucho a Lola, que perra loca le ladra a todo lo que encuentra para
jugar. GUAU GUAU - Diana. Jamás en la vida ladra la viejita, es de las perras
más valientes que conocí o la más sorda, no lo sé.
guau guau- cada vez más cerca, más pausado, más seco. Las
escucho a las dos. Los ronquidos de mi
papa cesaron hace dos o tres ladridos atrás. Empiezo a escuchar ruidos de
motor. La puta madre se metieron en el campo. En cuestión de segundos voy a
escuchar que intentan entrar a mi casa. La concha de la lora. Los ladridos siguen de largo hasta dar un círculo
completo a la casa. La puta madre están viendo por dónde van a entrar. Yo lo
único que pienso es, la puta madre, me van a violar. Ahora, que ladrones
pelotudos, el garage está abierto y la puerta que conecta con la casa, abierta
sin llave. Para este momento ya estoy tan despierta que no se si lo anterior lo
soñé o los hechos sucedieron de esa forma. Quiero gritarle a mi papa: PAPÁ
ESTÁN QUERIENDO ENTRAR A LA CASA, pero no me animo a hacer ningún ruido.
Escucho atenta, bien atenta, para poder localizar exactamente dónde están parados.
Es entonces cuando me acuerdo que el teléfono de mi papa suena como un Bambi
gritando y dije GENIAL IDEA MILO le mandás un WhatsApp y los ladrones se van a
cagar hasta las patas.
¿Cómo si fuese tan fácil asustar a alguien que no tiene que
perder no?
En fin, me decido y le escribo: papi, ¿estás despierto? El
teléfono no suena, Justo hoy que lo necesitaba en sonido, el boludo lo puso sin
sonido, pero será de dios este hombre. Escucho un SI, seguido de ruidos de
levantarse de la cama en una casa toda de madera te cruje hasta lo que no querés
que te cruja. Abro la puerta de mi cuarto y lo veo en la oscuridad a mi papa
tapándose los huevos con las manos. En otra circunstancia me hubiese reído
hasta el cansancio de ver su imagen. Las patas todas flacas que no podés
entender cómo pueden soportar tanto peso. La panza que está por explotar tres
pibes juntos. Pero en ese momento no se me ocurrió ni hacer el mínimo chiste.
Papá ¿las escuchaste a las dos? ¿qué hacemos?
Se mete otra vez en el cuarto sin decirme nada y yo cierro la
puerta de mi cuarto. Este es el momento para destacar que la puerta de mi
cuarto solo se abre desde adentro. A los cinco minutos escucho: Mili abrí. Abro
pensando listo este hombre está en pelotas con su pistola ahí afuera. Bancala
es tu papa te cambio pañales y vos se los cambiarás a él. Abro. Papa tiene una pistola,
pero no la que pensé. Los pantalones puestos y una 38 en la mano. Apaga la luz
ya. Apago la linterna del celular. Abre las dos cortinas de las ventanas que
dan al frente de la casa. Abre el vidrio de una y se asoma. Mira, mira, mira. Y
acá escuche las palabras que siempre me van a resonar en la cabeza: tápate los
oídos y tírate arriba de la cama. Yo dura, inmóvil, cual estatua, tirada arriba
de la cama con los ojos y los oídos tapados. Sin hacer un solo ruido. Pafff!
Seguimos los dos en silencio, yo ya me animé a abrir los ojos esperando ver
algo no sé. Papá con la misma tranquilidad con la que entró a mi cuarto, cerró
la ventana, cerró la cortina y salió de mi cuarto.
La primera vez en un mes que me olvido que estamos en cuarentena, los minutos transformados en horas más largos de mi vida. Yo no me animé a decir ni MU. Y ahora que se fue, sigo sin
moverme en la cama. Me quedé, así como media hora. Sin pensar, toda dura, toda
miedosa, todo dolor. Me voy incorporando de a poco. Creo que nunca más voy a
poder dormir. No vimos nada, pero escuchamos todo. El miedo a lo que no podemos
ver, es aún más fuerte a lo que sí. Me alegro por tener la imaginación intacta.
Pero no creo volver a dormir dos horas de corrido nunca más.