martes, 9 de agosto de 2016

Inexplicable


"¿Te querés sentar vos?" y ahí, sin más, con esas simples palabras, hizo que se me aflojaran todas las extremidades. Se desencadenaron una serie de emociones inexplicables, nunca antes vividas. Surgieron todas las dudas de golpe.
 Cómo se llamará, seguramente Juan, no sé por qué pero tenía cara de Juan. Además me gusta ese nombre así que decidí que se llama Juan. Cuántos años tendrá, ojalá que tenga más de 24, esa es la edad que quiero. Siento que es la edad en la que los hombres están más “maduros” y preparados para jugársela por alguien en el subte que tiene solo dos años menos.
Qué estudiará, que sea algo relacionado con diseño, si es industrial o arquitectura, lo descartaría, esos son los peores. Lo sé por experiencia.
 Cuáles serán sus aspiraciones en la vida, me gustaría creer que tiene ganas de vivir en otro país, si es Nueva Zelanda mucho mejor.
Tendrá novia, y si tiene no importa porque con la forma en la que me está mirando ya me compró por completo y estoy segura que la podría dejar por mí.
Y justo cuando pienso que se acerca a hablarme, me mira, me sonríe y se baja. Y con él se van todas las preguntas sin responder, todo ese mundo inventado que es solo eso, inventado. Nuestra posibilidad de conocernos, de vivir algo único. Tener esa conexión. De sentir que te llenan con tan solo mirarte.
Es increíble como alguien que no conocés, pueda llegar a generar una conexión tan única, tan pura, con tan solo mirarte y cruzar miradas, en un simple medio de transporte.

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