viernes, 26 de agosto de 2016

Día Q

Un día como cualquier otro, se despertó. Nadie sabe el por qué de esta mierda que nos pasa, pero que de todas maneras pasa.
Llegamos a la sala y ya se encontraban varias personas esperando.
Pero nunca voy a olvidarme de esa cara, tan magnífica. Los pómulos eran dos montañas a las que me quisiera subir de vez en cuando. Su sonrisa tímida y atrapante, que da rienda suelta a mi imaginación perversa. Sus manos, tan chiquitas que ni siquiera podían agarrarme la nariz por completo y que me invitaban a jugar. El diminutivo de su cuerpo fue lo que despertó algo en mí que nunca había sentido. Completamente absurdo, no caí en lo que estaba pensando hasta que vi a su mamá. Me sentí mal, muy mal.
Tenía a una vieja al lado, con un olor a escabio que te descomponías. Estaba tan mal vestida que la gente que pasaba por ahí, se le quedaba mirando, como asombrados. Estaba pidiendo plata la muy puta. Resulta que yo sé de muy buena fuente que ésta conchuda en realidad está cagada en guita ¿sabés? Y sin embargo, no pierde el tiempo para nada. Lo peor de todo es que la gente le da plata, ropa, comida y a veces, hasta le ofrecen asilo. Que cara rotas que hay en este país, oportunistas asquerosos.

-Alicia, le toca a usted-

Nudo en la garganta. No puedo respirar.  Alicia, mi mamá.

Tiene cáncer, en las tetas. Pero eso no la impide seguir con su vida. Tenía dos opciones: una quimio de seis sesiones, bien leve, poca caída de pelo, pero más tiempo. La otra, eran cuatro sesiones de líquido de mierda, que te deja estúpida y se te cae hasta el pelo de las cejas, en menos tiempo. Ella sola eligió la más fuerte, cuando todos nos negamos. Pero qué íbamos a hacer, con sus 58 años, es difícil que te haga caso. Aunque muchas veces se comporte como una nena de 12 años, tiene tantos huevos que no lo podés creer. Más huevos que mi papá, imagínate. Morocha, con ese pelo todavía tan tupido y ruloso, rezando que no se caiga. Que pierda un poco, pero que no se caiga. Porque caerse, significa perderse, abstraerse, oscurecerse por un rato.

martes, 9 de agosto de 2016

Inexplicable


"¿Te querés sentar vos?" y ahí, sin más, con esas simples palabras, hizo que se me aflojaran todas las extremidades. Se desencadenaron una serie de emociones inexplicables, nunca antes vividas. Surgieron todas las dudas de golpe.
 Cómo se llamará, seguramente Juan, no sé por qué pero tenía cara de Juan. Además me gusta ese nombre así que decidí que se llama Juan. Cuántos años tendrá, ojalá que tenga más de 24, esa es la edad que quiero. Siento que es la edad en la que los hombres están más “maduros” y preparados para jugársela por alguien en el subte que tiene solo dos años menos.
Qué estudiará, que sea algo relacionado con diseño, si es industrial o arquitectura, lo descartaría, esos son los peores. Lo sé por experiencia.
 Cuáles serán sus aspiraciones en la vida, me gustaría creer que tiene ganas de vivir en otro país, si es Nueva Zelanda mucho mejor.
Tendrá novia, y si tiene no importa porque con la forma en la que me está mirando ya me compró por completo y estoy segura que la podría dejar por mí.
Y justo cuando pienso que se acerca a hablarme, me mira, me sonríe y se baja. Y con él se van todas las preguntas sin responder, todo ese mundo inventado que es solo eso, inventado. Nuestra posibilidad de conocernos, de vivir algo único. Tener esa conexión. De sentir que te llenan con tan solo mirarte.
Es increíble como alguien que no conocés, pueda llegar a generar una conexión tan única, tan pura, con tan solo mirarte y cruzar miradas, en un simple medio de transporte.

La voz del subte

Vivo para servir, para que vos, humano hijo de puta, apoyes tu orto y decidas aplastarme hasta dejarme sin aire.
Vivo para que me maltrates, para que me arranques los hilos porque estás aburrido.
Para que me tires esa coca cola asquerosa que absorbo por inercia y me deja una marca imborrable que nadie me va a sacar.
Vivo para que me reclames mujer embarazada y para que vos, pendejo malcriado, te hagas el dormido y no me quieras dar.
Vivo para que tu novia se siente arriba tuyo y puedas llenarla de besos.
Vivo para que cada tanto, me encuentre con esa especie súper rara que me deja todo lleno de pelos, que se queda horas, durmiendo sobre mí, que nadie se atreve a correr.
Vivo para disfrutar plenamente de vos, Federico, que tocas la guitarra y cantas tan lindo que me gustaría ser humano para abrazarte. Y también, para fumarte a vos, mimo forro que lo único que haces es manguearle plata a la gente, les decís que tienen que sonreírle a la vida, chamuyero hijo de puta.
Vivo para oler esos asquerosos gases que largan los oficinistas de la hora pico. 
Vivo para oler esos perfumes hermosos que se ponen esas señoras pintarrajeadas que se apoyan con tantas ganas sobre mí, esas son las peores y también las mejores.
Pero más que nada vivo para ver cómo dos personas que no tienen conexión alguna se miren, se amen sin siquiera hablarse. Y lo que más lástima me da, es que nunca lleguen a amarse, a conocerse,  porque claramente esos pendejos, son de la generación que no respetan los semáforos, pero tienen miedo de enamorarse.

Cumplir con lo pactado

Entré a mi casa, cansada. Tuve que bajar cinco veces para abrirles a todos.
Cociné todo el día para gente que ni me interesa, como odio este día del año. Puse la picada en la mesa y nos sentamos. Se tambalea la mesa, tengo que arreglar las patas. Siempre me olvido de llamar al carpintero y tengo ese papel de mierda ahí hace dos semanas.
-¡Que rico que está todo Euge!- dijo la abuela.
-Gracias- le contesté.
No había pasado ni media hora que ya arrancaron los debates. Amor, trabajo, farándula, y, lo peor de todo, política. Como detesto que hablen de política. Sobre todo porque repiten lo que leen y escuchan en los medios.
-Ay Ricardo cállate. Si Macri es un millonario, no nos va a robar- dijo mi mamá.
Se tambaleó la mesa, otra vez. Se cayó un vaso al piso.
-Ay Eugenia perdón, ahora yo limpio, que desastre. Tenés que hacer arreglar esta mesa- mi mamá no entiende que esta no es su casa.
-¡Qué rico que está todo Euge!- dijo la abuela, otra vez.
-Ay Eugenia, un brasilero a tu edad ganaba su segundo mundial, María ya se había casado con un trillonario, el tío Alberto ya había formado una familia y vos de pedo llegás a fin de mes haciendo malabares en una oficina que se cae a pedazos, ¿qué pensás hacer?- dijo mi tía, esa tía odiosa que nadie quiere invitar.
Llegó el momento del plato principal. Costillitas de cerdo a la riojana.
-Le falta un poco de sal, pimienta y pimentón. Cinco meses viviendo sola y todavía no aprendiste nada querida- entre risas y comiendo se le podía ver todo en la boca a mi tía solterona, criticona, gorda. La odio.
Me fui para mi cuarto, me saqué la ropa, no quería mancharla.
-Era un chiste nada más, no te aguantás nada- me dice mi viejo desde el sillón, cuando le paso por al lado.
-¡Que rico que está todo Euge!- dijo la abuela, por enésima vez.
Fui para la cocina y empecé a tirar los platos al piso.
No soporto a esta gente, detesto tener que cumplir con lo pactado por todos. No veo la hora de que se vayan.
Agarré las botellas de vino y una por una fueron a parar a las cortinas de la cocina y el living.
Estaban todos helados. Mi viejo trató de frenarme y terminó en el piso. Le jugó en contra que haya sacado la altura de mi mamá.
Lo que ellos no saben es que pasan los años y te da más vena, porque ves cómo se te va la vida y seguís siendo la misma pelotuda de siempre. Las copas empiezan a caer, una por una.
-Eugenia por favor pará, ¡esas te las regalé yo y salieron fortuna!- mi vieja no para.
La sensación de resentimiento y bronca empezó hace dos días, cuando todos empezaron a mandarme mensajes preguntando, ¿Qué vas a hacer para tu cumple?¿Querés que te cocinemos?¿Querés que lo hagamos en casa? ¿Qué querés hacer?¿Qué vas a hacer? que ¿Qué voy a hacer? Si pudiera hacer lo que se me cante, seguramente me iría de viaje, alguna playa paradisíaca sin señal ni internet y volvería un mes más vieja.
Quise ser como el increíble Hulk porque de ser así, me estallaría la vena, me quedaría en bolas, en verde con mi super fuerza los haría volar a todos hasta la estratósfera.

Por suerte todo termina a las doce, al otro día ya vuelvo a ser la misma pelotuda de siempre. Más vieja, más cansada, más pelada, más gorda, con menos tiempo de vida, más idiota, más quemada pero por suerte, con menos cumpleaños que festejar.

La voz extraña

La voz extraña es esa voz, que te habla desde lo más profundo de tu cabeza, cuando estás en un estado de ebriedad deplorable. Saca a la luz tu verdadero yo, ese yo oculto que nos da miedo mostrar. Te hace sentir invencible y saber que cualquier cosa que hagas va a ser lo correcto en ese momento.
Te repite todo el tiempo, que sos el rey del mundo. Capaz de cualquier cosa.
Aparece en tu cabeza cuando tu consciencia ya no tiene acceso a tus acciones y pensamientos.

La voz extraña no es, esa voz que te habla desde lo profundo de tu cabeza, haciéndote sentir que sos un superhéroe. Por el contrario, te repite todo el tiempo lo chiquito que sos con respecto al mundo.
Te hace pasar desapercibido. Es tu estado más consciente.